Es de todos conocida esa frase que asegura que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Obviamente, una exageración desde el punto de vista histórico, pero no tanto, si nos ceñimos a los documentos y pruebas encontradas. Es cierto que habría otros oficios anteriores al del sexo de pago, pero también lo es que este oficio ha acompañado al ser humano desde hace milenios. De hecho, seguramente ya existiera incluso antes de aquel punto de inflexión que supuso el sedentarismo de las primeras tribus en ciertos lugares. Las prostitutas trabajaban, de hecho, en los caminos, así que era habitual encontrarlas al paso de los viajeros. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, aunque la mayoría de burdeles y prostíbulos siguen estando en las carreteras y en los caminos, a las afueras de los pueblos. Esto nos habla del sentido estratégico de la ubicación de estos negocios, pero también del afán marginador de la propia sociedad con la prostitución.
Se aleja este oficio de las ciudades y de los pueblos, sacando a las chicas de la “vista” de la mayoría, como si así se resolviese el posible problema que hubiera. La marginación ha acompañado al oficio casi desde su propia concepción, considerado en muchas ocasiones como un “mal necesario”. Las prostitutas se han visto obligadas, durante siglos, a ejercer como tales para poder sobrevivir. Las circunstancias que las han llevado a ello son de todo tipo: sociales, económicas, estructurales… Ser mujer no ha sido nunca fácil, y mucho menos tener una idea liberal del sexo y la pasión. Es un debate que todavía a día de hoy se sigue dando, a pesar de que hemos avanzando enormemente en numerosas cuestiones de este tipo. El principal problema es que el debate suele venir marcado por la moralidad, el sesgo que la religión ha logrado imponer en estos últimos siglos sobre el sexo. El placer es pecado, y por ello, las prostitutas siempre han estado mal vistas. Esto tiene que ver con casi cualquier tipo de dogma religioso, no solo el cristiano, pero como es el que nos atañe, nos vamos a centrar en él para explicar cómo aparece la prostitución ya en las Sagradas Escrituras.
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